Artículo de Opinión de Félix Peinado Castillo, director de la Oficina de la OIT para España.
La declaración de 2026 como Año de la Seguridad y Salud en el Trabajo constituye una oportunidad para reflexionar sobre una dimensión que durante mucho tiempo ha permanecido en un segundo plano dentro de la prevención laboral: los riesgos psicosociales. Tradicionalmente, la seguridad y salud en el trabajo se ha asociado a la prevención de accidentes físicos o a la exposición a sustancias peligrosas. Sin embargo, las profundas transformaciones que experimenta el mundo del trabajo están situando cada vez más en el centro del debate factores relacionados con la organización del trabajo, las exigencias psicológicas, la autonomía, la carga laboral, la incertidumbre o el aislamiento.
La Organización Internacional del Trabajo (OIT) ha querido precisamente poner el foco sobre esta cuestión. En el marco del Día Mundial de la Seguridad y la Salud en el Trabajo de 2026, que se conmemora cada año el día 28 de abril por decisión de la OIT, la organización ha destacado la necesidad de garantizar entornos psicosociales saludables, reconociendo que elementos como la carga de trabajo, el tiempo de trabajo, la claridad de funciones, el apoyo organizacional o la participación de los trabajadores influyen directamente en su bienestar, su salud y su desempeño profesional.
La preocupación no es menor. Los riesgos psicosociales están asociados al estrés laboral crónico, la ansiedad, la depresión, el agotamiento profesional o «burnout», así como a enfermedades cardiovasculares y otros problemas de salud. Estudios recientes impulsados por la OIT estiman que 840.000 muertes al año pueden vincularse a condiciones laborales caracterizadas por largas jornadas, inseguridad en el empleo, desequilibrios entre esfuerzo y recompensa o situaciones de violencia y acoso en el trabajo. Además del coste humano, estos problemas generan importantes pérdidas de productividad y elevados costes económicos para empresas y sociedades, que la OIT ha estimado en el 1,37 por ciento del PIB mundial.
Este debate adquiere una particular relevancia para las profesiones liberales. Abogados, arquitectos, ingenieros, consultores, periodistas, diseñadores, traductores o profesionales sanitarios, entre otros, desarrollan su actividad en entornos cada vez más digitalizados, sometidos a una creciente presión competitiva y a expectativas permanentes de disponibilidad. La transformación tecnológica ofrece nuevas oportunidades, pero también introduce factores de riesgo que deben ser gestionados adecuadamente.
Inteligencia Artificial y escenario laboral
Uno de los fenómenos más relevantes es la expansión de la Inteligencia Artificial (IA) generativa.La OIT ha dedicado importantes esfuerzos durante los últimos años a analizar cómo estas tecnologías pueden afectar al empleo y a las condiciones de trabajo. La OIT estima que casi el 36% de los empleos se verán afectados por la IA generativa a escala mundial. Este porcentaje se incrementa a casi el 54% en los países de altos ingresos como el nuestro. Las investigaciones más recientes concluyen que la IA no debe entenderse principalmente como una amenaza de sustitución masiva de empleos, sino como un factor de transformación profunda de numerosas ocupaciones.
Las profesiones basadas en el conocimiento se encuentran entre las más expuestas a estos cambios. Muchas de las tareas desarrolladas por profesionales cualificados —redacción de documentos, análisis de información, elaboración de informes, gestión documental o atención a consultas— pueden ser parcialmente automatizadas o asistidas mediante herramientas de IA. Sin embargo, la evidencia recopilada por la OIT apunta a que el resultado más probable será una reorganización de tareas y funciones, más que la desaparición de ocupaciones completas. Esta transformación presenta importantes implicaciones psicosociales. Por un lado, la IA puede contribuir a reducir tareas repetitivas, liberar tiempo para actividades de mayor valor añadido y mejorar la conciliación. Pero, por otro, también puede generar incertidumbre sobre el futuro profesional, incrementar las exigencias de adaptación continua, intensificar el ritmo de trabajo o difuminar aún más las fronteras entre vida laboral y personal.
La propia OIT advierte de que el impacto de la IA dependerá en gran medida de cómo se regule y cómo se implemente y gestione dentro de las organizaciones. Cuando la tecnología se utiliza para complementar las capacidades humanas y mejorar la calidad del trabajo, sus efectos pueden ser positivos. Cuando se emplea exclusivamente para aumentar el control, la vigilancia o la intensificación del trabajo, puede convertirse en un factor adicional de riesgo psicosocial.
Economía de plataformas
Junto a la IA, otro fenómeno que está redefiniendo las condiciones de trabajo es el crecimiento de la economía de plataformas. Aunque suele asociarse a actividades de reparto o transporte, las plataformas digitales desempeñan también un papel creciente en numerosos servicios profesionales y actividades liberales. Cada vez más profesionales encuentran clientes, gestionan encargos o desarrollan proyectos a través de mercados digitales globales.
Consciente de esta realidad, la 114ª Conferencia Internacional del Trabajo celebrada en junio de 2026, que muchos han calificado de histórica, acaba de adoptar el nuevo Convenio sobre el trabajo decente en la economía de plataformas, considerado el primer instrumento internacional vinculante específicamente dedicado a esta tipología de empleo. El objetivo es hacer compatible la innovación tecnológica y los nuevos modelos empresariales con la protección de los derechos de los trabajadores, garantizando que los trabajadores de plataformas disfruten de derechos fundamentales, protección social adecuada, transparencia en la gestión algorítmica y protección frente a prácticas abusivas.
La relevancia de esta norma trasciende a los trabajadores de plataformas tradicionalmente visibles. Muchas profesiones experimentan ya algunas de las características asociadas a este modelo: dependencia de algoritmos para obtener trabajo, sistemas automatizados de evaluación, presión derivada de las calificaciones de clientes, incertidumbre sobre ingresos futuros o dificultades para desconectar. Todos estos elementos tienen una clara dimensión psicosocial.
La gestión algorítmica constituye uno de los desafíos más novedosos. Las decisiones automatizadas sobre asignación de tareas, visibilidad en las plataformas o valoración del desempeño pueden generar sentimientos de falta de control, opacidad e inseguridad. La OIT ha subrayado la necesidad de garantizar transparencia, supervisión humana y mecanismos efectivos de reclamación para evitar que estas dinámicas perjudiquen la salud y el bienestar de los trabajadores.
Año de la Seguridad y Salud en el Trabajo
En este contexto, la prevención de riesgos psicosociales debe convertirse en una prioridad estratégica. Ello implica diseñar organizaciones del trabajo saludables desde el inicio. Esto supone promover cargas de trabajo razonables, autonomía profesional, participación en la toma de decisiones, claridad en las funciones, apoyo organizativo y una utilización responsable de las nuevas tecnologías.
Las profesiones liberales, por su naturaleza, requieren altos niveles de creatividad, capacidad de análisis, responsabilidad y relación interpersonal. Precisamente por ello, son especialmente sensibles a factores como la sobrecarga cognitiva, la hiperconectividad o la incertidumbre laboral. La transformación digital debe servir para reforzar estas capacidades humanas y no para erosionarlas.
El Año de la Seguridad y Salud en el Trabajo ofrece una ocasión excepcional para ampliar nuestra comprensión de la prevención. En un mundo laboral marcado por la IA, la digitalización y las plataformas, la salud mental y el bienestar psicosocial deben ocupar el mismo lugar que la seguridad física. Debemos afrontar todos estos retos, como hace la propia OIT, desde una perspectiva de diálogo social en la que participen las administraciones implicadas, las organizaciones empresariales y sindicales. Y abordar también, desde ese mismo enfoque, otros aspectos no menos importantes como la perspectiva de género en la prevención de riesgos laborales o los efectos del cambio climático, entre otras cuestiones.
La visión impulsada por la OIT anima a afrontar todos los desafíos del trabajo desde una perspectiva de diálogo social. Desde esa óptica, avanzaremos en la construcción de entornos de trabajo que no solo sean más productivos y eficientes, sino también más humanos, inclusivos y sostenibles.