Artículo de Opinión de João Ascenso, presidente de la Associação Nacional de Profissionais Liberais (ANPL).
El pasado 26 de junio, la Associação Nacional de Profissionais Liberais (ANPL) tuvo el privilegio de organizar, por primera vez en Portugal, la Asamblea General de Consejo Europeo de las Profesiones Liberales (CEPLIS) en la ciudad de Maia. La celebración de este encuentro fue especialmente importante porque permitió reforzar la cooperación con organizaciones homólogas, conocer sus experiencias, programas y prioridades políticas, y contribuir activamente al debate sobre las cuestiones europeas que afectan a los profesionales liberales.
La relevancia del evento fue también reconocida institucionalmente. El Ayuntamiento de Maia y su presidente acogieron la iniciativa y pusieron sus instalaciones a disposición de la organización. La Asamblea contó asimismo con la participación del Ministro de Asuntos Parlamentarios y del presidente del Consejo Económico y Social portugués. En sus intervenciones, ambos destacaron la importancia de los profesionales liberales para la sociedad y para las economías portuguesa y europea, así como los desafíos que afrontan actualmente.
En este contexto, tuvimos la oportunidad de abordar tres temas que consideramos esenciales en el panorama portugués: la representación institucional de los profesionales liberales; el futuro de las profesiones ante la inteligencia artificial; y, por último, la necesidad de crear un Estatuto del Profesional Liberal en Portugal.
REPRESENTACIÓN INSTITUCIONAL
La relevancia de la representación de los profesionales liberales ante las instituciones del Estado nos parece evidente. Nos encontramos ante una categoría profesional de gran importancia económica y social, que no puede permanecer al margen de los procesos democráticos de definición de las políticas públicas. Su participación es esencial, no solo porque muchas de esas políticas les afectan directa o indirectamente, sino también por el conocimiento concreto que poseen de los mercados y de los sectores en los que desarrollan su actividad. ¿Cómo debatir reformas fiscales y de la seguridad social sin la participación de los profesionales liberales? ¿Cómo discutir la legislación laboral sin tener en cuenta las particularidades del trabajo autónomo? ¿Cómo definir políticas de inmigración, sanidad, justicia o vivienda sin escuchar a quienes trabajan diariamente en estos ámbitos y conocen de cerca los problemas existentes?
Las organizaciones profesionales han desempeñado históricamente un papel fundamental en la regulación de las profesiones y en la defensa del interés general. Sin embargo, su intervención es, por naturaleza, sectorial y no abarca a todos los profesionales liberales, especialmente a quienes ejercen profesiones nuevas o no reguladas. Por este motivo, defendemos que las entidades representativas de los profesionales liberales deben participar en los procesos de definición de las políticas públicas. A pesar de su todavía reciente trayectoria, la ANPL tiene hoy el privilegio de estar representada en el Consejo Económico y Social portugués y en el Comité Económico y Social Europeo. Esta presencia nos permite dar voz a una realidad profesional que, durante demasiado tiempo, ha permanecido poco visible.
Nuestra experiencia demuestra que los responsables políticos se benefician de estas aportaciones, porque los profesionales liberales pueden identificar problemas concretos, proponer mejoras y anticipar necesidades futuras. La representación institucional no es, por tanto, una cuestión meramente simbólica, sino una condición para que las políticas públicas sean más realistas, equilibradas y eficaces.
LAS PROFESIONES ANTE LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL
Esta representación institucional adquiere una especial urgencia en un momento en que la inteligencia artificial se presenta como una nueva revolución industrial, susceptible de producir un profundo impacto en la forma en que nos relacionamos, trabajamos y prestamos servicios. El uso de estas herramientas es inevitable y ya forma parte de la vida cotidiana de muchos profesionales. La inteligencia artificial puede aumentar la eficiencia, la productividad y la calidad del trabajo. Sin embargo, su desarrollo y aplicación plantean riesgos que no pueden ignorarse. En primer lugar, es necesario garantizar la responsabilidad por la calidad del trabajo producido. Los profesionales no pueden verse obligados a competir con proveedores o sistemas que ofrecen asesoramiento sin asumir la correspondiente responsabilidad. También es necesario asegurar un acceso equilibrado a soluciones que respeten la confidencialidad, la protección de datos y las demás obligaciones legales y deontológicas.
El cumplimiento de estos deberes no puede depender exclusivamente de la capacidad financiera de cada profesional o del tamaño de la organización. Asimismo, es fundamental garantizar que el uso de la tecnología no elimine la dimensión ética y humana de nuestras actividades. Ser profesional liberal es mucho más que elaborar memorandos, presentaciones, informes técnicos o aclaraciones. Existe una dimensión relacional basada en la confianza, la independencia, la responsabilidad, el respeto y la humanidad que debe preservarse.
ESTATUTO PROFESIONAL
Por último, una de las ambiciones de la ANPL desde su fundación es la creación del Estatuto del Profesional Liberal. Sabemos que su aprobación no resolverá todos los problemas, pero constituirá un paso decisivo para reconocer y dignificar el papel de estos profesionales en la sociedad. Su contenido deberá construirse mediante el diálogo con los responsables políticos y con las organizaciones representativas.
Es necesario definir quiénes son los profesionales liberales y cuáles son las condiciones de autonomía que los distinguen de los falsos autónomos, precarios y desprotegidos. Deben reconocerse los derechos a la autonomía y a la independencia técnica, a la formación continua, a la participación en programas de financiación, digitalización y modernización, y a una protección social efectiva. Este reconocimiento debe ir acompañado de deberes y responsabilidades: principios éticos mínimos y transversales; transparencia y deberes de información frente a los clientes; respeto por los compañeros y las órdenes profesionales; y responsabilidad por la calidad de los servicios prestados.
El Estatuto deberá también consolidar la participación de los profesionales liberales en la definición de las políticas públicas, reconociendo su derecho de representación en los órganos consultivos del Estado y garantizando la audiencia de sus organizaciones siempre que estén en juego políticas susceptibles de afectar al ejercicio de la actividad, a sus derechos o a sus deberes. Solo así será posible construir un marco más justo, moderno y adecuado a su realidad económica y social, reforzando al mismo tiempo la calidad, la independencia y la responsabilidad que deben caracterizar a las profesiones liberales.