«El Trío de Eclipses constituye una oportunidad única para una observación segura e interdisciplinar, donde diversas profesiones podemos colaborar de manera complementaria. De hecho, así lo estamos haciendo… Los astrónomos planificamos los horarios precisos, determinamos las zonas de visibilidad y explicamos los fenómenos físicos involucrados. Ingenieros, ópticos y técnicos en instrumentación desarrollan filtros solares, telescopios y cámaras para observación segura, evitando daños oculares. Profesores y divulgadores científicos imparten charlas y diseñan materiales educativos para públicos de todas las edades. Médicos y ópticos asesoran sobre prevención de lesiones oculares y riesgos para la salud. Los medios de comunicación y diseñadores gráficos transmiten la información de manera clara, atractiva y segura… Todo ello, con el fin de convertir la observación del Trío de Eclipses en un proyecto educativo, científico y social integrador, reforzando la conciencia sobre la seguridad y la cultura científica». De esta manera se expresaba Rafael Bachiller, director del Observatorio Astronómico Nacional, en la entrevista realizada en la revista Profesiones.
Un fenómeno tan excepcional como el eclipse total de sol que ocurrirá el próximo 12 de agosto, supone, como comenta el también presidente de la Comisión Científica del Trío de Eclipses, —previstos para el 12 de agosto del 2026; el 2 de agosto del 2027 y el 26 de enero del 2028— «una nueva oportunidad de trasladar a la ciudadanía aquellas recomendaciones profesionales» con el fin de observar de manera segura y sin riesgos un acontecimiento astronómico cuyo precedente en la Península Ibérica se remonta a 1912.
Esta circunstancia extraordinaria lleva siendo planificada desde hace más de un año por diversos ámbitos institucionales, siendo la creación de la Comisión Interministerial para el Trío de Eclipses el gran hito gubernamental, coordinado por el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades.
En esta suma de entusiasmos para garantizar la mejor observación de estos fenómenos astronómicos a la ciudadanía también se ha de incorporar la sociedad civil organizada, incluidas las corporaciones colegiales, tal y como apuntaba la subdirectora del Instituto de Astrofísica de Canarias, Eva Villaver en la revista Profesiones: «Un eclipse no es solo un asunto astronómico: afecta a la salud pública, la seguridad y la movilidad, e invita a hacer mucha comunicación científica. Los colegios profesionales pueden ayudar a difundir información fiable —por ejemplo, sobre protección ocular—, coordinar redes locales y voluntariado, y aportar criterio técnico para planes de accesos, aforos y emergencias. Todo suma para mejorar la preparación y reducir los riesgos».
Las profesiones colegiadas reunidas en Unión Profesional han querido mostrar su implicación en esta señalada coyuntura y trasladar a la ciudadanía algunas recomendaciones desde sus ámbitos de conocimiento experto.
CUIDADOS SANITARIOS
Es el caso del Consejo General de Ópticos-Optometristas, desde donde se insiste en una protección adecuada de los ojos, utilizando «gafas de protección certificadas para el eclipse (ISO 12312-2), correctamente identificados, con fabricante o distribuidor trazable, instrucciones de uso y filtros en perfecto estado», así como prever filtros solares especiales profesionales para cámaras o telescopios.
El Consejo General subraya que hay que «observar el eclipse de manera inadecuada puede provocar retinopatía solar, cuyos síntomas pueden manifestarse posteriormente como visión borrosa, una mancha central, distorsión de las líneas, alteración de los colores o dificultad para leer y reconocer rostros». En este sentido, es destacable el rol asistencial y preventivo de las y los ópticos-optometristas, como profesionales sanitarios capaces de asesorar, verificar filtros, educar y detectar síntomas de alarma. No obstante, comentan desde esta corporación colegial, que «en la fase parcial, incluso aunque quede visible una fracción mínima del disco solar, deben mantenerse las medidas de protección».
Por su parte, la Sociedad Española de Oftalmología (SEO) y la Sociedad Española de Retina y Vítreo (SERV), de la mano del Consejo General de Colegios de Médicos, hacen hincapié en la supervisión infantil: «es crucial vigilar a los niños, quienes pueden sentir curiosidad y mirar el sol directamente sin darse cuenta del peligro».
Un hito astronómico que debe ser abordado con total responsabilidad, tal y como se advierte desde el Consejo General de Enfermería (CGE): «la observación de este fenómeno es fascinante, pero la seguridad visual es el factor crítico, y la diferencia entre un recuerdo maravilloso y una lesión irreversible». Y es que, el mayor peligro de un eclipse, es la retinopatía solar, «una quemadura fotoquímica de la retina que ocurre sin que la persona sienta dolor». Por ello, el CGE recomienda seguir cierto protocolo para una observación del fenómeno segura. En cuestión de colocación, «mirar hacia abajo y colocarse las gafas en esa dirección, solo entonces con las gafas homologadas, levantar la mirada»; y a la hora de descansar, «girar la cabeza en dirección opuesta al Sol, para luego quitárselas». Además, advierten sobre el uso de móviles, pues el sensor puede sufrir daños considerables.
Este cuidado de nuestros ojos es también indicado por el Consejo General de Farmacéuticos, pues no debemos fiarnos de la sensación de falta de luz durante el eclipse y bajar la guardia al sentir que nos molesta menos, ya que las radiaciones ultravioletas siguen presentes. Preguntar a un profesional sanitario cuál es la mejor manera de contemplar el eclipse, así como tomar las precauciones necesarias en el caso de personas operadas de cataratas y si llevamos con nosotros medicamentos, por el especial calor que puede acontecer en esos días de agosto, son otras de las propuestas de este Consejo General. El uso de protector solar o la atención debida ante picaduras de insectos también es altamente recomendable.
Desde el Consejo General de Licenciados en Educación Física recomiendan «detener la actividad física, pues la observación del fenómeno no debería realizarse mientras se corre, se pedalea, se navega, se practica deporte o se desarrolla cualquier actividad que exija atención permanente del entorno». Planificar los desplazamientos con antelación y seguir las indicaciones del personal responsable, también debería tenerse en cuenta con el fin de anticiparse ante posibles aglomeraciones en instalaciones deportivas y otros espacios naturales. Por esto mismo, esta corporación colegial ha dispuesto una serie de consejos para profesionales y responsables de servicios deportivos que van desde la valoración la adaptación temporal de determinadas actividades hasta la incorporación del eclipse a la evaluación de riesgos, pasando por establecer criterios comunes para el personal técnico o utilizar instalaciones deportivas como espacios organizados.
CUIDADOS DEL TERRITORIO
Además de la seguridad en la salud de quienes deseen disfrutar de este primer eclipse que tendrá lugar el 12 de agosto, otras cuestiones que tienen más que ver con el territorio merecen especial consideración.
El Colegio Oficial de Ingenieros Técnicos Forestales advierte del riesgo real de incendios forestales durante dicha semana, por lo que hace un llamamiento a «la prudencia y advierte de la necesidad de incorporar de forma expresa el riesgo de incendio forestal en la planificación de este acontecimiento». Para esta institución colegial, la planificación no debe limitarse a ordenar los puntos de observación, sino que «debe prever también escenarios de emergencia forestal, rutas de evacuación, accesos para medios de extinción, control de estacionamientos, información preventiva y coordinación entre administraciones». No encender fuego bajo ninguna circunstancia y evitar cualquier actividad que pueda generar chispas o igniciones son también advertencias de quienes abogan por un medio natural protegido para que nos proteja.
Tanto el Colegio Oficial de Ingenieros Técnicos Forestales como el Consejo General de la Ingeniería Técnica Agrícola insisten en la oportunidad que supone este acontecimiento astronómico para acercar a la sociedad la naturaleza y el medio rural, pues muchas de las zonas con mejores condiciones para su observación se encuentran en entornos rurales y espacios naturales que requieren su uso responsable. Asimismo, es indispensable poner en valor el trabajo de quienes lo gestionan y conservan. La entidad que agrupa a las y los ingenieros técnicos agrícolas resalta que «los caminos rurales, parcelas agrícolas y explotaciones ganaderas son lugares de trabajo», por lo que es importante «no invadir fincas privadas, no acceder a cultivos y evitar estacionar vehículos que puedan obstaculizar el paso de maquinaria agrícola o de los servicios de emergencia».
En este sentido, vigilar también a animales que formen parte de ganaderías e incluso mascotas puede ser altamente aconsejable, ya que algunas especies modifican su comportamiento como si fuera a anochecer y numerosos polinizadores reducen su actividad. Además, la fotosíntesis disminuye momentáneamente al reducirse la radiación solar.
El ámbito urbano y de transporte es igualmente considerado por parte del Colegio Oficial de Ingenieros Técnicos de Obras Públicas, pues el posible ‘efecto llamada’ que ocasionará este fenómeno en algunas zonas del oeste peninsular puede desembocar en situaciones complejas como incremento de reservas en transporte público —tren, avión y autobús—, y aumento de tráfico en carreteras provinciales y rurales con poco paso habitual de vehículos. Por estos motivos, esta corporación colegial señala que la contemplación se lleve a cabo desde un punto fijo y a pie, «evitando el desplazamiento en los momentos anteriores y posteriores al eclipse».
CUIDADOS SOCIOEDUCATIVOS
Ante los riesgos sanitarios, de movilidad y concentración de la población y los ambientales, el Consejo General de Colegios de Educadoras y Educadores Sociales insiste en considerar la prevención como la fórmula más adecuada para reducir el impacto de los mismos, siguiendo «pautas socioeducativas vinculadas a las necesidades de seguridad, autoprotección y salud». En esta línea, dicho Consejo General ha elaborado un documento específico para las y los profesionales de la Educación Social en el que se incluyen además de las fuentes oficiales y principios de autoprotección, las funciones de dichos profesionales —preventiva, comunitaria y de intervención— y el diseño de actividades educativas para infancia, adolescencia y personas mayores. La gestión de situaciones críticas, así como la comunicación de riesgos o la coordinación interinstitucional también forman parte de este documento, en el que también hay cabida para la evaluación y aprendizaje post-evento, mediante «el análisis de incidencias, la evaluación de la respuesta comunitaria, las lecciones aprendidas para futuras emergencias colectivas y la incorporación del caso eclipse a la educación para la resiliencia».
El recorrido por estas recomendaciones profesionales pone de manifiesto la vinculación que las corporaciones colegiales mantienen con el servicio público y con su disponibilidad ante fenómenos ordinarios y también, extraordinarios, al servicio de la población a la que brindan sus conocimientos expertos y su experiencia en el terreno.
