Entrevista a Ana Redondo, ministra de Igualdad. Por Elisa McCausland.
Me gustaría empezar la entrevista preguntándote por tu vocación de servicio público. Comienza con el derecho y la enseñanza, se ha desarrollado en los últimos tiempos en la arena política, y siempre ha venido marcada por un especial compromiso con la igualdad de género.
Tiene mucho que ver con mis inicios profesionales. Nada más terminar la carrera, allá por el año 1990, tuve mi primera oportunidad laboral precisamente para atender a víctimas de violencia de género en el ámbito rural. Recuerdo que, durante un año, estuve yendo todos los viernes a Ávila, donde teníamos unas dependencias que utilizaba Cáritas, pero que dependían de una de las parroquias del Arzobispado, y me impresionó muchísimo cómo mujeres mayores, en torno a los sesenta años, me contaban que vivían con terror. Una de ellas me causó una impresión especial porque me decía que dormía con un cuchillo debajo de la almohada y atrancaba la puerta. Cuando su marido venía bebido se encontraba la puerta cerrada, y ella agarraba ese cuchillo como si fuera la única tabla de salvación a su alcance. Este testimonio, desde luego, me marcó profundamente. Luego surgió la posibilidad de hacer la tesis doctoral, y me decidí por derecho constitucional.
Se podría decir que mi compromiso con lo público viene de ese primer empleo, mi tesis doctoral, y mi condición de profesora titular en Derecho Constitucional en la Universidad de Valladolid. Más adelante tuve la oportunidad de dar el salto a la política en las Cortes de Castilla y León, y hasta hoy. Sí me gustaría matizar que, siempre que he podido, he vuelto a la universidad. De hecho, después de los ocho años en el Ayuntamiento de Valladolid como concejala de Cultura y Turismo y Teniente de Alcalde, ya estaba pensando en cómo dar mejor las clases, ser mejor profesora y formar demócratas —que es lo que he hecho durante veinticinco años de mi vida, y lo que espero volver a hacer—, porque creo que es un elemento esencial en este momento: formar demócratas conscientes de lo que nos jugamos, conscientes de qué es lo que nos ha unido como ciudadanía, como hombres y mujeres libres, pues necesitamos evolucionar hacia unas mayores cotas de civilización.
Teniendo en cuenta el momento histórico en el que nos encontramos, ¿qué diagnóstico puede hacerse de uno de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la Agenda 2030 de Naciones Unidas más citado en esta última década, el cinco, que, estableció unas metas para la igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres que, difícilmente, van a poder alcanzarse en la fecha propuesta?
Aún siendo consciente de la situación en la que nos encontramos, soy optimista. Creo que la evolución del ser humano ha sido y es positiva, y nos lleva hacia adelante. Eso no significa que no haya momentos de regresión y de marcha atrás, pero creo que, si sabemos de dónde venimos, el sentido de la evolución es claro. Venimos de una dictadura donde las mujeres eran consideradas ciudadanas de segunda, menores de edad que necesitaban de autorización para cualquier cosa. Estamos hablando de hace apenas cincuenta años; de nuestras madres, tías y abuelas. Mujeres con las que convivimos hoy, y es por eso mismo que el avance ha sido muy significativo.
Siempre que ha habido grandes consensos hemos avanzado mucho. El consenso constitucional, sin ir más lejos, supuso un gran paso adelante para nuestra democracia y nuestra economía, o el consenso del que emana una norma como la Ley 1/ 2004, de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género, que puso el foco en lo que en su momento era considerado un problema privado, una violencia privada, y que la sociedad decidió que era un problema que nos correspondía a todas y todos solucionar. Y recalco el consenso porque es lo que nos permite llevar a cabo avances sustanciales, significativos. Sin ir más lejos, esta legislatura ha sido muy compleja, pero también hemos conseguido un gran consenso para renovar el Pacto de Estado contra la Violencia de Género. En esas 460 medidas que hemos conseguido pactar se encuentran buena parte de las soluciones para los próximos años.
Me encantaría que pudiéramos dar un paso inmenso en este mandato, pero las circunstancias y las mayorías parlamentarias son las que son. Creo que hemos hecho un buen trabajo hasta el momento consiguiendo ese Pacto de Estado. Vamos a ver si somos capaces de sacar adelante normativas como la Ley de Violencia Vicaria o la Ley de Trata. Yo estoy esperanzada.
Apuntabas cómo ha habido temas que la sociedad ha necesitado comprender para poder evolucionar a mejor. Para ello, hace falta una codificación del lenguaje que permita diseñar políticas para la prevención de la violencia de género, siendo esta nomenclatura una novedad en su momento. En el ámbito profesional ocurre con herramientas como la perspectiva de género. Quería preguntarte por la idoneidad de la aplicación de esta mirada en las profesiones colegiadas, en sus estructuras y su ejercicio profesional.
Es imprescindible incorporar la mirada del 51% de la población al ámbito profesional, igual que se incorpora la perspectiva de género a los presupuestos generales, pues todas las políticas inciden en el 51% de la población, devaluada durante siglos. La clave está en que las diferentes profesiones entiendan la perspectiva de género como parte inherente al desarrollo de su profesión. No se trata de algo que haya que añadir después, sino que ha de estar integrado en la profesión. Creo que, si algo ha calado, es la conciencia clara de la necesidad de compensar el desequilibrio histórico, social, cultural y de poder que implican el patriarcado y el machismo.
Me parece muy interesante lo que apuntas sobre la terminología.
Hemos conseguido fijar esa aspiración de avanzar hacia una sociedad más libre y justa para todas y para todos desde determinadas formas de expresión o terminología, hasta el punto de que, cuando se toca una terminología determinada, decimos «cuidado». Cuando en vez de hablar de «violencia de género», hablamos de «violencia doméstica», o cuando dejamos de hablar de «violencia de género» y decimos «violencia en el ámbito familiar», ya no estamos hablando de lo mismo. Lo más sorprendente y maravilloso de la sociedad española, y de todas las profesiones, es que hemos conseguido un consenso, a veces sin verbalizar, sobre determinados términos, pues sabemos lo que significan y los valores que defienden.
La perspectiva de género nos permite, además, analizar la evolución de unas y otras profesiones, y sus asignaciones de género. Encontramos profesiones más masculinizadas y profesiones más feminizadas, lo que tiene reflejo en la representación de sus estructuras colegiales.
Este es uno de los principales problemas que tenemos en los colegios profesionales, que están fundamentalmente representados por hombres. Sorprende que el porcentaje de mujeres con cargos relevantes y de representación en los colegios profesionales sea menor que en otros ámbitos, como puede ser el de la política. Un déficit que tendrá que corregirse antes de que acabe la década, tal y como marca la Ley 2/2024 de representación paritaria y presencia equilibrada de mujeres y hombres.
No hemos de olvidar que a las mujeres en cargos de representación se les exige un plus. Dado que los cuidados siguen recayendo en ellas, asumir la representación de un colegio profesional a la vez que se ejerce una profesión, se mantiene una familia y una maternidad que has elegido y quieres, es muchísimo más complicado. He tenido entrevistas con algunas mujeres en puestos de representación colegial y te confiesan que no dan abasto.
Generalmente, a los hombres no les pasa eso. Ellos no te dicen que no dan abasto. Probablemente cada vez estaremos en una mejor disposición para dar o no dar abasto en las mismas circunstancias, pero ahora mismo a las mujeres se nos exige más. También se ha avanzado. Me vienen a la cabeza la ampliación de los permisos parentales, la Ley de la Dependencia o el Plan Corresponsables, políticas que inciden en la esfera personal y familiar de las mujeres.
Con todo, la carga de los cuidados sigue siendo mayoritariamente femenina y eso puede impedir en un momento profesional importante de tu vida dar el salto o poder dedicarte a la tan necesaria representación profesional. No nos damos cuenta de que el hecho de que las mujeres estén ahí es una garantía de avance, de talento compartido, de visión más amplia. Y todo eso, desde luego, beneficia a una organización.
La declaración institucional de este año para el Día Internacional de las Mujeres y las Niñas en la Ciencia ha sido formulada por cinco ministerios —Igualdad, Ciencia, Educación, Exteriores, Juventud—. Se centra, sobre todo, en atraer a más niñas y jóvenes a los ámbitos de ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas —STEM, en sus siglas en inglés—, así como retener el talento y apoyar el liderazgo de las mujeres que investigan e innovan, e incluir la dimensión de género en la investigación científica ¿Qué más podemos hacer para sumar vocaciones?
En el último Índice Europeo de Igualdad nos han vuelto a valorar en el cuarto puesto de toda la Unión Europea. Este año, además, los parámetros eran mucho más exigentes y se requería un mayor esfuerzo para mantener el mismo nivel. Hemos superado la evaluación con nota, pero nos queda trabajo por hacer en materia de ciencia y profesiones STEM. Sabemos que, en los últimos años, la evolución no ha sido muy positiva, y tenemos pendiente valorar los motivos. Si el 54% de las estudiantes son mujeres, pero luego este porcentaje se reduce en STEM al 27%, y en TIC al 17% a pesar de todo el esfuerzo que se ha hecho, es que hay algo en la base que no estamos viendo.
Esta declaración institucional también busca que nos preguntemos qué está ocurriendo para que haya menos vocaciones femeninas. Fíjate, yo creo que no tiene nada que ver con la dificultad. Profesiones científicas como medicina requieren de talento y sacrificio, y la ejercen una mayoría de mujeres. Pero es importante saber para qué va a hacerse ese gran esfuerzo. Después de hablar con colegas europeas y latinoamericanas, he llegado a la conclusión de que sobre todo tiene que ver con la percepción que tienen las niñas y adolescentes de la dimensión social de esas profesiones. Nosotras somos de generar comunidad y ser útiles a la misma. Por eso, las profesiones sanitarias son tan demandadas por las mujeres, es más fácil ver la utilidad de esa vocación para la ciudadanía, mientras que en ingeniería o matemáticas la acción real sobre la comunidad es más difícil de visualizar. Explicar a las niñas que las ciencias, las ingenierías, las matemáticas son útiles, más si cabe en una sociedad tan tecnificada como la nuestra, es capital.
Tanto en la declaración institucional del Gobierno como en la formulada por Naciones Unidas se hace especial énfasis en el tratamiento holístico de las disciplinas para combatir las brechas de género que todavía permanecen.
Tras varias décadas de decirle al alumnado que, cuanta más especialización, más posibilidades de empleo, creo que ha llegado el momento de apostar por la visión holística. Creo que, tras varias décadas de primacía de la especialización, se ha perdido completamente el sentido de la misma, que es saber mucho de un tema específico; pero, claro, para saber mucho de algo, antes has de saber un poco de todo. Porque, cuanta más visión tengas de los temas, cuanto más capacidad de entender y, sobre todo, de conectar desarrolles, más posibilidades tendrás de que surja una idea brillante. Pero si solamente tienes una visión, esto es mucho más difícil, pues se necesita conexión, y esa conexión tiene que ver con las humanidades, con las ciencias sociales, con la lectura… todo aquello que nos permite tener un horizonte más amplio en el que poder desarrollarnos.
La visión holística ha sido esencial a la hora de desarrollar el Programa formativo en prevención y sensibilización de la violencia contra las mujeres que Unión Profesional ha puesto en marcha de la mano del Ministerio de Igualdad, donde las diferentes profesiones implicadas en la materia se han puesto a disposición del proyecto conscientes de que la violencia de género es una problemática que se ha de abordar desde diversos puntos de vista profesionales.
Has puesto el ejemplo perfecto porque no se puede llevar a cabo un abordaje de asuntos tan complejos como la violencia de género desde una única perspectiva o desde una única profesión. Creo sinceramente que nos falta incorporar profesionales a todos estos instrumentos de apoyo y de acompañamiento, a la vez que profesiones como la abogacía, el trabajo social o la psicología, son esenciales para que una mujer supere cualquier situación de violencia. Esta visión transversal y complementaria se pone de manifiesto en los Centros de Crisis, donde hemos intentado incorporar muchas de estas profesiones y otras que todavía faltan, por lo que hay que seguir evolucionando y avanzando. Nuestra obsesión ahora mismo es garantizar una cartera mínima de servicios en todo el territorio y que en los sesenta Centros de Crisis se ofrezca a las mujeres un acompañamiento integral —psicológico, jurídico, económico—. La última Macroencuesta de Violencia contra la Mujer nos advertía de hasta qué punto la violencia económica está extendida. Creo, además, que es la primera manifestación de violencia machista, controlar las posibilidades de autonomía económica; porque, detrás de ese control viene todo lo demás. Para abordar este tipo de violencia también necesitamos profesionales específicos que acompañen a las mujeres en la recuperación de la independencia y la autonomía.
Hablábamos de la satisfacción mutua de Unión Profesional y el Ministerio de Igualdad por el éxito del Programa formativo en prevención y sensibilización de la violencia contra las mujeres, que ya va por su tercera edición y centra su abordaje en la perspectiva holística y especializada por ámbitos —jurídico, sanitario y social—.
Ante todo, trasladaros que me parece un programa muy valioso, que genera conciencia y transformación social desde las distintas profesiones. Algo fantástico y necesario que este ministerio ha de seguir impulsando. Porque nadie mejor que los colegios profesionales para hacer comprender cómo todas estas materias nos afectan de forma estructural como sociedad, y necesitan también del esfuerzo corporativo de cada una de las profesiones para mitigar estas violencias y ofrecer soluciones. Tras conocer este programa formativo un poco mejor, no puedo sentir más que orgullo ante iniciativas que merecen salir en las portadas de los periódicos, porque ayudan enormemente a esa transformación social tan necesaria que estamos impulsando desde el Ministerio de Igualdad.
Uno de los hallazgos más interesantes de este programa lo encontramos en lo consciente que se ha mostrado la comunidad profesional de su compromiso con la cadena de responsabilidades en el proceso de acompañamiento, para lo que es imprescindible conocer la labor de unas y otras profesiones en dicho proceso.
Esto que apuntas es muy interesante y, muy importante, por lo que significa como avance. Porque, para llegar a este punto, hemos tenido que pasar por muchas fases anteriores donde se discutía si la violencia de género era o no un problema social, y ahora no solo compartimos el entendimiento de que este es un problema social, también nos responsabilizamos unos y otros para ayudar a avanzar y resolver el problema. Fíjate, creo que ahí quizá lo que falte son encuentros entre distintas profesiones. Seguimos abundando en jornadas de una u otra profesión, pero, a lo mejor, un gran encuentro de profesionales de diferentes disciplinas donde el punto de conexión sea, precisamente, la lucha contra las violencias de género desde esas diferentes visiones, podría ser muy interesante.
Otra de las cuestiones que Unión Profesional está trabajando con el Ministerio de Igualdad es un convenio para que los Consejos Generales y Colegios Profesionales sean Espacios Violeta, en sintonía con el firmado por el Consejo General de Colegios Farmacéuticos.
Y es una muy buena noticia. Con el Consejo General de Colegios de Farmacéuticos hemos dado un paso decisivo para concienciar y también para ayudar, porque muchas veces el problema está en cómo llegar a esa mujer que no se atreve a pedir ayuda porque tiene una situación muy vulnerable, y las farmacias pueden ser esa primera puerta a la que llamar para luego extender toda la red de apoyo institucional. La firma de convenio ha sido un paso importante para dar cobertura normativa a algo que ya se venía haciendo, porque muchas farmacéuticas nos lo trasladaban, y sin duda nos va a servir para que otras profesiones también se puedan incorporar a nuestra red de apoyo.
En el contexto del Día Internacional de las Mujeres, Unión Profesional organiza, junto al Consejo General de la Abogacía, el V Encuentro Nacional de Mujeres Profesionales, centrado en la situación de apartheid de género en Afganistán. Preguntar por la postura de este Ministerio y extender una invitación para que estéis presentes en el acto.
Te cojo el guante, Afganistán es una de nuestras obsesiones. Yo digo siempre que nada que le ocurra a una mujer en cualquier lugar del mundo es ajeno a este Ministerio y, lamentablemente, estamos viendo en el mundo situaciones dantescas. Afganistán es ejemplo de hasta qué punto ese patriarcado salvaje puede anular y limitar el desarrollo humano y personal del 51% de su población. Se trata de una situación tan distópica que resulta difícil de creer, como también es difícil de creer lo que está ocurriendo en Irán, donde las mujeres son asesinadas simplemente por alzar la voz, y quitarse el velo o el hijab; o en Gaza, y tantos otros lugares donde las mujeres sufren la guerra, además de la violencia por su condición. No podemos perder la perspectiva global porque, si no avanzamos todas, retrocedemos todas. Y en Afganistán eso es evidente. Hemos de ser solidarias y alzar la voz por quienes no la tienen, así como apoyar iniciativas como la vuestra, que van en la dirección correcta.