Artículo de Opinión de Matilde Fernández Sanz, presidenta del Observatorio SoledadES, iniciativa impulsada por la Fundación ONCE.
Un experto en políticas sociales me dijo recientemente que el Marco Estratégico Estatal de las Soledades salía adelante porque era ‘una política blanca’. Entendí lo que quería decir, que se trataba de una política sin aristas, por la que no merecía la pena la confrontación y tal vez porque era una política más micro y por ello, ¿menos importante? Discrepo. Lo pequeño es hermoso y, además, más grande cualitativamente de lo que algunos puedan pensar.
Este Marco o Acuerdo es ‘multicolor’ y tiene un gran calado político. Intentaré explicarme. Nos encontramos ante un compromiso de la mayoría de los partidos políticos en sus programas electorales, no de todos, pero sí de la mayoría de los que gobiernan en los cuatro niveles administrativos. Esto, para la mayoría de la ciudadanía, es importante y para la democracia, lo es aún más.
El Marco Estratégico Estatal de las Soledades ha nacido tras un serio y mantenido proceso de elaboración, con mucha participación y de mucha gente; de muchos actores con voluntad de ser protagonistas activos y comprometidos. Hace mucho tiempo que no veíamos a once ministerios apoyando, poniendo el hombro. A las 17 Comunidades Autónomas de nuestro país consensuando una misma forma de trabajar. A 68 entidades locales, entre municipios y diputaciones, entendiendo su papel y su necesario liderazgo. A representantes de las organizaciones sociales y del Tercer Sector con su experiencia acumulada en la lucha por corregir desigualdades. A personas que habían vivido la soledad que duele y la sufrieron en el tiempo, siendo escuchadas. A un Consejo Asesor de diferentes profesionales del bienestar, desde la teoría y desde la praxis, mostrando sus experiencias y recomendaciones.
Un marco común de acción con unas prioridades, también elaboradas desde esa mirada poliédrica y multicolor, que marcan el camino a seguir para enfocar un futuro transformador. Un camino que empieza en 2026 y realizará su evaluación en 2030, para estudiar y decidir como seguir caminando. Merece la pena que reconozcamos a quienes empezaron, ya y antes, esta tarea, tanto fuera y como dentro de España.
La soledad, un problema estructural
Se ha asumido, hemos asumido, que se necesita una política sostenida en el tiempo para reducir ese 20% de personas que en España sienten soledad, ese 25% de jóvenes que la viven o ese 50% de personas con discapacidad que la sienten más cotidianamente de lo deseado, o ese 12,5% de jóvenes y 9% de entre 55 y 74 años que reconocen no tener a nadie a quien pedir ayuda si lo necesitasen. La soledad sigue el patrón en ‘U’ siendo más elevada en jóvenes con sus transiciones vitales y en mayores de 75 años con sus pérdidas y fragilidades.
Las soledades son experiencias subjetivas que en nuestros estudios se observa la importancia de trabajar en familias, escuelas, centros de trabajo y barrios con la necesidad de fomentar autonomía, capacidad crítica, autoexigencia, resistencia a las frustraciones, educación emocional, capacidad para entablar amistades y… podemos empezar así, centrados en las personas que sienten que sus relaciones familiares y de amistades son menores, en cantidad y calidad, de las que desean o esperaban.
Pero, hay que actuar en el entorno de ellas, donde las personas se socializan. Sin escuelas inclusivas, por ejemplo, la soledad que crece aún más por: el acoso, la exclusión, la discapacidad, las enfermedades crónicas o mentales y las discriminaciones por motivos varios, no podrán resolverse casi nunca solo por cada persona. Tampoco sin centros de trabajo integradores. Sin familias cooperadoras y sin barrios que tejan redes de ayuda mutua. Superar la soledad individualmente es casi imposible cuando, además, aparecen factores externos para dificultarlo.
Se necesita la fuerza de la unión, de la comunidad. Hemos pues de dar herramientas a las personas para hacer frente a sus problemas, pero hemos de construir entornos y comunidades menos individualistas y competitivas para que la virtud política de la cooperación y de la colaboración hagan de los entornos espacios vivibles y comunitarios.
Desigualdad y soledad van de la mano
Además, estamos ante la tarea de corregir desigualdades, desigualdades económico-sociales, desigualdades entre hombres y mujeres, las soledades tienen más rostro de mujeres a cualquier edad, y desigualdades entre territorios porque la soledad la vive más la juventud rural por falta de oportunidades y las personas mayores en las grandes ciudades por invisibilidad. Todos los estudios ratifican que, a menores niveles de estudios, más soledad y que a menores niveles de ingresos, también más soledad. El objetivo de corregir desigualdades debe estar en toda tarea social y también en las buenas prácticas de estas micro experiencias contra las soledades.
Es el tiempo de revisar nuestros modelos de Estados de Bienestar para impulsar no sólo derechos individuales, también derechos colectivos, como es el derecho a los cuidados a lo largo de la vida. Como es el derecho a unos espacios para el disfrute al aire libre y en unos equipamientos comunitarios. Como son las viviendas colaborativas. Como es la cultura trasladándonos belleza. Como es el desarrollo de ciudades y pueblos cuidadores, amigables, participativos …. Todo ello para configurar una ciudadanía social. Nuestro pensador Ortega decía que «la vida es quehacer y el quehacer ético es quehacerse» (añado quehacerse colectivamente), apropiarse de las mejores posibilidades con vistas a unas vidas buenas.
Todo esto está tras los cuatro ejes comprometidos. El primero, transversalidad de las soledades en las políticas públicas de todas las administraciones. Segundo, potenciar un tejido social y un desarrollo comunitario, creando entornos accesibles e inclusivos que faciliten la participación y prevengan la soledad. El tercer eje es el de priorizar la detección temprana, fortalecer el acompañamiento efectivo, crear servicios profesionales cercanos, próximos, que apoyen la vida diaria y la conexión social. Y el cuarto y último, seguir con la concienciación social, desdibujando estigmas y edadismos a través del conocimiento riguroso de datos e investigaciones, cuantitativas y cada vez más cualitativas, para que las soluciones sean más efectivas y eficaces.
Un reto que exige alianzas
Para sacarlo adelante se necesita de todas las profesiones involucradas en este trabajo artesano de calidad. Profesionales pegados a los problemas reales, en la tierra, cuidando de las personas y cuidando del territorio. Perdón por argumentar en forma de decálogo el valor y la fuerza de este esfuerzo colectivo de acordar y pactar; de poner en marcha, a más velocidad, unas políticas transformadoras ante unas sociedades que caminan más deprisa de lo que a veces pensamos y asumimos; de establecer prioridades comunitarias y por ende, colaborativas y cooperadoras; por apostar a comprender más y mejor, a seguir deliberando entre todos y a exigirnos actuar más, mejor y más eficazmente.
En septiembre habrá una presentación del Marco Estratégico Estatal que supongo se hará mostrando las buenas prácticas de otras administraciones y organizaciones sociales, será un día de alegrías y agradecimientos. Parece que también se lanzará una campaña de sensibilización, espero que sea tan positiva y eficaz como han sido las ya realizadas por La Caixa, Los Hermanos de San Juan de Dios y La Cruz Roja, que yo recuerde.
Lo más importante para impulsar esta política es que se dote del órgano de gobernanza, con su liderazgo democrático y participativo, en el Ministerio de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030, pero contando con una representación plural que represente, valga la redundancia, a todos los enfoque aprobados: trasversalidad horizontal y vertical, visibilidad de mujeres, visibilidad de territorios y diversidad de territorios, inter-generaciones, con diferentes profesiones del bienestar y diferentes investigadores sociales. Todos queriendo remar con el mismo rumbo.
El Observatorio SoledadES seguirá cumpliendo con su compromiso de realizar estudios e investigaciones en colaboración con otras entidades; identificar y difundir la información de utilidad para todos los profesionales; crear contenidos prácticos como el Decálogo y las dos Guías en las que estamos trabajando para hacer mejores evaluaciones de nuestros trabajos una y para saber que escalas de medición hemos de usar según el trabajo que vayamos a desarrollar y, seguiremos potenciando espacios de intercambio de experiencias, análisis y conocimientos.
Todos pueden contar con nosotros en este camino con tanta esperanza. Recordemos a nuestros filósofos/as: la esperanza es una virtud moral de primera magnitud.