Artículo de Opinión de María Solanas, directora de Programas en el Real Instituto Elcano
Durante la última década, la igualdad de género se ha convertido en una cuestión destacada de la política exterior, en particular con la adopción de políticas exteriores feministas por parte de varios países. La desigualdad de género es un desafío global y estructural. Ningún país del mundo ha logrado la igualdad plena y efectiva de hombres y mujeres. La política exterior opera en este marco de desigualdad estructural, afronta resistencias, barreras y reacciones contrarias. Para entender y explicar la realidad, también la realidad internacional, resulta relevante una mirada a los distintos impactos de los fenómenos sociales, políticos y económicos en las dos mitades de la población mundial, pues éstos no son ciegos o neutros al género.
En 2014, la entonces ministra de Asuntos Exteriores de Suecia, Margot Walström, respondió públicamente a la pregunta sobre cómo sería la política exterior sueca, afirmando que esta sería feminista. Un total de doce países del norte y del sur global han nombrado a su política, su diplomacia o su cooperación internacional como feminista —Canadá, Francia, Países Bajos, México, Colombia, Chile, Eslovenia, España, Alemania, Argentina, Libia, y España—. La política exterior feminista (PEF) surge en un contexto en el que se combinan tres factores: (a) la vitalidad de los movimientos feministas; (b) la constatación de la prevalencia de la desigualdad estructural de género; y (c) la visión por parte de algunos países de la necesidad de intensificar los esfuerzos para lograr la igualdad, tras décadas de avance de las normas globales de género en los marcos multilaterales que, no obstante, no habían logrado progresos suficientes.
Los referentes y las raíces en las que se fundamenta la PEF se encuentran algunas décadas atrás. No puede entenderse sin la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer de 1979, la IV Conferencia Mundial sobre la Mujer de Beijing de 1995, y la Resolución 1325 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas del año 2000 sobre Mujeres, Paz y Seguridad, entre otras. El apoyo al empoderamiento económico de las mujeres, la presencia sustantiva de las mujeres en espacios políticos de toma de decisión, la prevención y lucha contra la violencia de género, los derechos de salud sexual y reproductiva o la Agenda Mujeres, Paz y Seguridad son cuestiones centrales para la PEF. Para los países que la han adoptado la PEF se considera un avance necesario que responde a la necesidad de elevar la ambición para lograr la igualdad, no sólo jurídica —de la que disfrutan apenas catorce países, incluida España—, sino real y efectiva —que ningún país del mundo ha alcanzado aún—.
Igualdad de género y democracia
La crisis del sistema multilateral ha quebrado los marcos normativos relativamente coherentes que caracterizaron las décadas anteriores de gobernanza global. Los derechos de las mujeres, durante mucho tiempo considerados signos de progreso democrático, ahora son politizados y cuestionados. En varios contextos, la igualdad de género ya no se percibe como una aspiración universal, sino como una línea de fractura en luchas ideológicas. Junto con la fragilidad y/o ruptura de los consensos logrados en décadas pasadas, también han surgido coaliciones de países afines que comparten, tengan o no una política exterior feminista, el compromiso con la igualdad de género. El grupo Política Exterior Feminista Plus (FFP+, por sus siglas en inglés), creado en 2021 por iniciativa de España y Suecia, reúne desde 2022 a un grupo compuesto tanto por países que han declarado tener una PEF como por otros cuyas políticas de igualdad de género se alinean en el mismo sentido. También cabe destacar las conferencias ministeriales de Política Exterior Feminista que se han venido celebrando en Berlín (2022), La Haya (2023), Ciudad de México (2024) y París (2025), con asistencia de participantes provenientes de Estados que cuentan con políticas exteriores feministas, Estados que no han adoptado dicha política, sociedad civil, organismos del ámbito de Naciones Unidas, instituciones académicas y el sector privado. La V Conferencia tendrá lugar en Madrid los días 2 y 3 de junio de 2026.
En un contexto de transformación del orden mundial, ha comenzado a subrayarse más explícitamente la idea de que la PEF se inserta en el compromiso con el derecho internacional y la defensa de los derechos humanos, así como con la preservación, reforma y fortalecimiento del sistema multilateral en crisis. La igualdad de género no es una idea aislada, sino que forma parte de las normas integradas de género, democracia y modernidad liberal. Los desafíos presentes y futuros —las amenazas a la seguridad nacional y global, incluyendo la radicalización violenta y el terrorismo, el cambio climático y la transición energética, la digitalización, la polarización y la resiliencia de las democracias— requieren una comprensión de la dimensión de género para ofrecer respuestas más eficaces en materia de política exterior. Una PEF cuenta con mejores herramientas de análisis de estas implicaciones, al mismo tiempo que tiene una voluntad transformadora de la desigualdad estructural. La PEF afronta la resistencia estructural que persiste en todas las sociedades, pues la transformación social que supone implica cuestionar dinámicas tradicionales de poder. Su proceso de institucionalización requiere de plazos de tiempo que casan mal con los ciclos políticos y electorales. Esta nueva política tiene el potencial para desempeñar un papel clave a la hora de articular estrategias para el desarrollo sostenible, la agenda climática, la paz y una visión de la seguridad integral. Para ello, es necesario garantizar la integración de la perspectiva de género en la gobernanza global y generar cambios más profundos en las dinámicas de poder internacional.
La PEF representa una innovación en las relaciones internacionales al abrir nuevos escenarios a la política exterior y cuestionar conceptos considerados de carácter universal, pero neutros o ciegos al género. Son varias sus contribuciones a la promoción y defensa de la igualdad de género, y en algunos países se concibe como una política transformadora de la desigualdad estructural. Adicionalmente, puede traducirse en una ventaja estratégica para el posicionamiento global de un país. Finalmente, en un contexto de contestación a las normas globales de género y a las políticas en favor de los derechos de las mujeres, la PEF actúa como contrapeso a las estrategias y los movimientos «antigénero» en el ámbito internacional, reforzando el carácter universal de los derechos humanos y vinculando la igualdad de hombres y mujeres a una democracia de calidad que garantiza derechos a las dos mitades de la población.
Este artículo forma parte de un Análisis del Real Instituto (ARI) más extenso,publicado en diciembre de 2025 y accesible en la web del Real Instituto Elcano.