La semana que cerramos el domingo próximo, comenzó con la celebración del Día Internacional de los Bosques (21 de marzo). Bajo el lema Bosques y economías, esta efeméride vino a subrayar el beneficio ambiental de la aplicación de soluciones basadas en la naturaleza como sustitutos de materiales intensivos en carbono, lo que además, genera nuevas oportunidades económicas.
El día siguiente (22 de marzo) se conmemoraba el Día Mundial del Agua, sostenido en este 2026 por el lema Donde fluye el agua, crece la igualdad, con el fin de concienciar y sensibilizar sobre la importancia del acceso al agua en igualdad de condiciones —en lugares donde las personas carecen de acceso al agua potable y al saneamiento cerca de sus hogares, las desigualdades se acentúan; y son las mujeres y las niñas quienes sufren las peores consecuencias— y la necesidad de promocionar una gestión sostenible de dicho recurso natural.
También esta semana, coincidiendo con el Día Meteorológico Mundial (23 de marzo) y con el Día Mundial del Clima (26 de marzo), se hacía público el informe anual de la Organización Meteorológica Mundial (OMM), el Estado Mundial del Clima, concerniente al 2025 y en el que se advierte que nuestro planeta retiene cada vez más calor, alcanzando un nuevo máximo histórico el año pasado. Según dicho informe, el exceso de energía que la Tierra retiene no se distribuye de manera uniforme: apenas el 1 % se queda en la atmósfera, el 5 % se almacena en los continentes y otro 3 % se utiliza para fundir hielo. Pero el resto, más del 91 %, termina en los océanos. A propósito de esta retención excesiva de calor en nuestro planeta, el secretario general de la ONU, António Guterres era contundente: «El estado del clima mundial es una emergencia. El planeta Tierra está siendo empujado más allá de sus límites. Cada indicador climático clave está en rojo».
ACCIÓN CLIMÁTICA Y PROFESIONAL
Este estado de emergencia climática es lo que impulsó a las profesiones a conformar el Comité de Unión Profesional frente a la emergencia climática, iniciativa que ha puesto en marcha en el seno de la entidad que agrupa a las profesiones colegiadas, el Ilustre Colegio de Geólogos, el Consejo General de Colegios Oficiales de Biólogos y el Colegio de Ingenieros Técnicos Forestales y Graduados en Ingeniería Forestal y del Medio Natural junto con ocho corporaciones colegiales más, con el objetivo de proponer, en el marco del Pacto de Estado frente a la emergencia climática, una serie de medidas preventivas que conlleven a la mitigación y la adaptación de las consecuencias provocadas por el calentamiento global.
«La huella humana está dejando una marca indeleble en la Tierra, hasta el punto de ir configurando un nuevo estrato geológico con identidad propia. Sin embargo, el tiempo —en su escala geológica— siempre acaba poniendo cada cosa en su lugar». De esta manera se expresa la presidenta del Ilustre Colegio de Geólogos, Nieves Sánchez, quien además subraya: «Nuestra conexión con la naturaleza no es opcional: es esencial para nuestro desarrollo. Ninguna tecnología, por avanzada que sea, puede sustituir ese vínculo profundo que nos define como especie».
Para Jorge Abad, presidente del Consejo General de Colegios Oficiales de Biólogos, nos encontramos en «un momento de oportunidad para establecer cambios en nuestra forma de relacionarnos con la naturaleza; esa posición que nos sitúa al margen de ella solo puede acarrear consecuencias negativas que conduzcan a episodios de contaminación y desastres naturales cada vez más extremos». Por este motivo aboga por introducir el concepto interdisciplinar de One Health, que conlleva integrar la salud humana, la salud animal y la salud de los ecosistemas, porque nos encontramos ante «sistemas integrados entre sí».
En un contexto nacional marcado por el cambio climático, la despoblación rural y el incremento del riesgo de dichas catástrofes, como son los incendios forestales, los recursos naturales «se configuran como aliados estratégicos para afrontar estos desafíos», tal y como advierte Ana Belén Noriega, decana-presidenta del Colegio Oficial de Ingenieros Técnicos Forestales y Graduados en Ingeniería Forestal y del Medio Natural, para quien «un planeta con bosques sanos es un planeta que funciona. Ahora, más que nunca». Se trata, apostilla la decana-presidenta, de «defender, con ciencia y compromiso, todo lo que un bosque sano aporta a la sociedad: agua, clima, biodiversidad, bienes, servicios y futuro». En definitiva, vida.
A un día de que tenga lugar el efecto simbólico que desde hace dos décadas ha venido a denominarse La Hora del Planeta (28 de marzo), las profesiones y el Comité de Unión Profesional frente a la emergencia climática quieren posicionarse como parte activa en el abordaje de esta triple crisis planetaria —biodiversidad, contaminación y cambio climático—, priorizando el criterio profesional en el fomento de un modelo de desarrollo sostenible y resiliente.